BLANCO Y NEGRO
Classical,Sadness,Intense,Male Voice
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Lyrics
Primera parte
Yo no buscaba nada. No estaba esperando a nadie, ni siquiera creía que alguien pudiese cambiar mi mundo. Vivía en mi rutina, en mi calma vacía, sin imaginar que todo estaba a punto de romperse. Y entonces apareciste tú.
Recuerdo perfectamente el momento en que te vi por primera vez. Tus ojos azules. No eran solo bonitos… eran profundos, eran diferentes. En ese instante algo dentro de mí cambió sin pedirme permiso. Lo que antes no quería, de repente lo quería todo contigo.
Congeniamos tan rápido que daba miedo. En tan poco tiempo ya eras parte de mi vida, de mis días, de mis pensamientos. Llegaste sin avisar y mejoraste mi vida de una forma tan repentina que aún hoy me cuesta entenderlo.
Antes de ti, no sabía lo que era enamorarse. No sabía lo que era querer a alguien de verdad. No sabía lo que era sentir que tu felicidad dependía de la sonrisa de otra persona.
Tú me enseñaste todo lo que era el amor.
Segunda parte
Pero el amor no siempre es suficiente cuando alguien no se quiere a sí mismo.
Tú vivías en guerra contigo. Nunca te veías como yo te veía. Nunca entendiste lo mucho que valías. Y esa herida que llevabas dentro empezó a reflejarse en nosotros.
La desconfianza empezó a crecer.
Al principio eran pequeñas dudas, pequeños miedos. Pero con el tiempo se convirtieron en algo más oscuro. Algo que nos consumía.
Era como un veneno.
Un veneno lento.
Día tras día me iba haciendo daño, desgastándome sin que nadie lo viera.
Tú pensabas que algún día te dejaría por otra chica. Lo dabas por hecho. Era solo cuestión de tiempo para ti.
Pero yo no.
Yo me negaba a creerlo.
Yo me prometí quererte hasta el final.
Tercera parte
Y aun así, entre todo ese caos, fuimos felices.
Recuerdo cuando fuimos a la playa esas semanas. Vivíamos el uno pegado al otro, como si el mundo fuera demasiado grande y solo estuviésemos seguros entre nuestros brazos. Allí fui muy feliz. Feliz de verdad.
Recuerdo los paseos nocturnos con tu perra. El silencio de la noche, nuestras conversaciones sin sentido, nuestras manos encontrándose sin buscarlas.
Recuerdo las noches en la cama, cantando como si fuésemos cantantes profesionales, riéndonos de lo mal que sonábamos y creyendo que nadie en el mundo podía ser más feliz que nosotros.
Recuerdo nuestra graduación.
Recuerdo las noches de películas.
Recuerdo tu risa.
Te recuerdo a ti.
Cuarta parte
Pero la desconfianza nunca se fue.
Cada vez era más grande.
Llegó un punto en el que todos los días que nos veíamos terminaban igual. Tú llorando. Tú rota. Tú convencida de que algún día te dejaría sola.
Y eso me rompía.
Porque jamás se me habría pasado por la cabeza abandonarte.
Pero también me rompía que no confiaras en mí.
Las semanas pasaban y nada cambiaba.
Hasta que un día me di cuenta de que ya no era yo.
Había dejado de ser feliz.
Había dejado de reconocerme.
Y entonces tomé la decisión más difícil de mi vida.
Elegirme a mí.
Separarnos.
A día de hoy sigo arrepintiéndome de haberte hecho daño.
Pero también fue el día en que, por fin, volví a ser yo.
Quinta parte
Semanas después, encontraste a alguien más.
Era como mirarme en un espejo roto.
Tenía mis mismos gustos.
Mi mismo humor.
Mi misma forma de ser.
Pero no era yo.
Y algo dentro de mí se rompió para siempre.
Desde ese momento, mi vida perdió el color.
Todo se volvió en blanco y negro.
Dejé de creer en el amor.
Porque un día lo éramos todo.
Y al siguiente no éramos nada.
Me dolió la facilidad con la que me soltaste.
La forma en que me trataste como un juguete de usar y tirar.
La forma en que olvidaste nuestra historia en apenas unas semanas.
Sexta parte
Han pasado más de dos años.
Y aún no he conseguido levantar cabeza.
No he vuelto a conectar igual con nadie.
Y cuando siento que algo puede ir bien… huyo.
Huyo por miedo.
Por miedo a volver a romperme.
No me gusta sentirme solo.
Pero es la única forma que tengo de proteger lo poco que queda de mí.
Y aunque pasen los años.
Aunque la vida siga.
Aunque el mundo cambie.
Siempre te querré con todo mi corazón.
Pero también sé…
Que jamás volveré con la persona que lo destrozó.